Ser Capitán

Ser Capitán es, ya templado por la experiencia
hacer del entusiasmo su principal herramienta de trabajo;
es apuntar caminos y recorrerlos al frente;
es aprender a hacer y saber enseñar;
es hacer lo difícil parecer fácil y lo fácil parecer importante;
es proporcionar confianza al inexperiente y al experiente
el entusiasmo de quien recién comienza;
es asesorar con lealtad;
es planificar y ejecutar junto a aquellos a quien comanda;
es hacer justicia como una prerrogativa sagrada;
es usar la razón con sentimiento y los sentimientos sin perder la razón;
es ganar la confianza de los subalternos y el respeto de los superiores;
es ser el primero en despertar y el último en descansar;
es alimentarse después de estar seguro de que todos ya lo hicieron;
es cuidar a cada subordinado como a un hijo;
es llevar para el combate hijos de otros padres
y cuidar de sus vidas como de las de los suyos;
es cumplir el doloroso deber de escribir la carta fatal;
es mantener la moral elevada en la derrota
y transformarla en la cimiente de la próxima victoria;
es no dejarse abatir y mantener la serenidad,
y cuando todo parece perdido, es no desanimarse y alentar;
es ejercer su profesión como un sacerdocio,
por entender no ser otro el designio
de quien se destina a conducir seres humanos al desafío de la muerte;
es saberse detentor de la prerrogativa de trabajar
con la más importante materia prima de una Nación
el entusiasmo de su juventud;
ser Capitán, en fin, es comandar por el liderazgo y liderar con el ejemplo.